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Para más detalle, véase tambien el vídeo: http://vimeo.com/18499643

Una de las tendencias punteras que podemos observar en el mundo de la imagen y de la comunicación es la de involucrar más de cerca al público, tanto a la hora de consumir como en los espacios en los que se consume.

Cada vez más marcas utilizan a los propios bloggers como modelos. Existen páginas Web en las que el propio usuario vota qué producto quiere que salga en tienda y podríamos mencionar unos cuantos más ejemplos. Esta creciente corriente en la que se necesita de la participación del público, tambien se está extendiendo al mundo del escaparatismo, como por ejemplo las recientes vitrinas con pantalla interactiva de Ralph Lauren, o las de Orange, en las que tan sólo con gestos van cambiando las imágenes.

Pero si entre todas estas originalidades tuviera que destacar alguna, me quedo con el proyecto de los estudiantes de la escuela Hyper Island, por la sencillez, frescura, elocuencia y el aire pop que respira. Interpretan el escaparate como un espacio interactivo que necesita de la actitud participativa del espectador para completarse. El transeúnte que pasa por delante condiciona el movimiento del individuo virtual, provocando así la atención e iniciando un diálogo, que acaba convirtiéndose en juego cuando uno se da cuenta. Los personajes que proyectan son nada más y nada menos que artistas punteros del arte callejero, lo cual enlaza bien con la marca. Los fondos están extraidos de los tejidos de la colección. Bravo, así da gusto andar por la calle.

Además de por la interactividad, el escaparate también resulta interesante por la elección de elementos y formas de comunicar afines al mundo digital. Asistimos a momentos históricos en los que el espacio físico se auna cada vez más con el virtual. El escaparate ya no es el único punto avanzado en el que la marca se comunica con el exterior. La red propone montajes virtuales accesibles las 24 horas del día y los consumidores ya no se mueven necesariamente para comprar.

Pero la la virtualidad y realidad, ambas en constante innovación, tambien se necesitan para interacturar de manera más directa con el usuario‐posible comprador. En el fondo, la una potencia a la otra. Se abre así una puerta para hacer partícipe al viandante en el espacio físico. La calle se convierte en un espacio colectivo de un paisaje con una oferta cultural estimulante. Los puntos de venta son el lugar de la sensorialidad y la verificación. Quien sabe, quizás en breve seamos nostros mismos quienes podamos vivir esas experiencias dentro del escaparate. De momento nos quedaremos con ser parte de la obra y participar.