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Según la Real Academia de la Lengua el escaparate es el espacio exterior de las tiendas, cerrado con cristales, donde se exponen las mercancías a la vista del público. Pero para alguien que haya estudiado en Ártidi o tenga el mínimo conocimiento sobre la materia, esta definición se convierte simplemente en el punto de partida, un lienzo blanco o los primeros esbozos de lo que será una gran historia conceptual y artística.

Personalmente entiendo el escaparatismo como una rama del diseño y las Bellas Artes. Conlleva conocimientos estratégicos de montaje, de herramientas y altas dosis de improvisación. Además y como complemento se ha de estar informado de tendencias, moda y últimas novedades de todo aquello que responda al nombre de creación.

A la hora de realizar un trabajo, un buen trabajo, se siguen una serie de pasos, previamente estudiados eso sí, mediante los cuales se podrían realizar fantásticas escenografías efímeras, pero muchísimo mejores serían si éstos se siguen de forma natural, instintivamente, sin atender a normativas. Es decir, cuando un producto se coloca de determinada forma, creas diferentes estructuras salvando los problemas de montaje con gran improvisación o tienes la cabeza tan activa que no paran de fluirte ideas por doquier y todo ello no te ha sido impuesto, es cuando un trabajo tiene alma y además de ser visualmente estético, transmite.

No sé si se habrán dado cuenta, pero elevo el escaparatismo al nivel de las Artes, si, si, el arte de lo efímero, el arte de la persuasión, de la experiencia de compra, del disfrute, la sorpresa…engloba cientos de experiencias que nos hacen la vida cada día un poco más llevadera. Y es ésta manifestación de la actividad humana mediante la cual, los que nos dedicamos a esto, expresamos una visión personal y desinteresada, que interpreta lo real o lo imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o incluso sonoros, lo que hace que busquemos nuevas formas para realizarlo e intentemos en todo momento sorprender con pequeños detalles muy trabajados y estratégicamente estudiados. Siendo éstos los que hacen de una jornada algo diferente a la anterior, pues no entiende de rutinas.

Es ahí donde mi persona juega un papel importante y utilizaré este artículo para venderme, ¿Por qué no? No pienso perder ninguna oportunidad, no. Pretendo diferenciarme de los ciento cincuenta escaparatistas que salen graduados todos los años de una de las mejores Escuelas, si. Pues tanto los soportes para producto, como el estilismo de unos maniquíes las escenografías efímeras o los escaparates de pequeño formato realizados durante este curso nacieron desde la inspiración, una inspiración que encuentro en todo aquello que veo, escucho, leo…etc. Ése es el punto de partida, luego tras un desarrollo conceptual y artístico doy forma a las obras, dotándolas de alma y expresión, pues como dije anteriormente, todo ello se apoya sobre una base teórica, si, pero con gran carga instintiva y vocacional, salen de dentro. Ahondo en las características principales del producto, busco resaltarlo, o lo que se pida en cada ocasión. Ét voilá he conseguido “algo” que transmite, con la principal intención de calar entre el público a quien va dirigido, al target correcto, pues ellos son los protagonistas de cada historia, simplemente les sirvo en bandeja un delicioso sorbete creativo, con el mejor de los packaging. El sabor y su digestión, depende de cada cual. Lo tomas, o lo dejas.

Todo ello se realiza con un fin, está claro, un fin principal, la meta, que es el público. A quien intentamos llevar por el camino correcto siempre haciéndole pasar un buen rato frente a una cristalera, permitiéndole evadirse de sus problemas por un tiempo y hacer que sueñe, que se emocione, que se sorprenda ante cada escaparate o espere ansioso el nuevo de una temporada determinada. En definitiva se podría decir que en esta profesión buscamos hacer felices a las personas, hacer feliz a la gente, pues como dijo Baden Powell: “La verdadera manera de ser feliz es haciendo felices a los demás”.

Por todos es sabido que esto no dura toda una vida, no, todo es efímero, todo se crea y se destruye a partes iguales en esta profesión, como la moda, todo pasa de moda, todo cambia, todo se transforma, se convierte en un oficio dónde estás obligado a reinventarte, una y otra vez pero, ¿Qué sería de nosotros sin reinventarnos?, eso sí, sin perder en ningún momento la esencia que nos hace únicos. No importa de dónde vengas, Murcia, Galicia, o la misma Cataluña, todos ansiamos la misma manera de ilusionar y sorprender. Todos perseguimos esa bella mentira, la mentira del montaje efímero. Pero, ¿Qué no es una mentira?, ¿Que hay más poético que una mentira, con buenas intenciones, camuflada en verdad?, una mentira convertida en leyenda… Como dijo Debussy: “El Arte es la más bella de las mentiras”. Y no lo olviden, el Escaparatismo, es Arte, con mayúsculas…