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Parece que las ciudades contemporáneas son casi idénticas unas de otras, todo parece más de lo mismo. Nuestro estilo de vida también está absolutamente condicionado por la masiva estandarización que hoy afecta a todas las grandes urbes del planeta. La globalización no sólo modifica el paisaje urbano, también invade y transforma nuestra cultura y calidad de vida.

Frente a esta homogeneización que se propaga a costa de despojarnos de nuestra identidad mediante más edificios clónicos, los mismos comercios, los mismos productos y las mismas marcas, muchos intentamos gozar del presente buscando un cierto equilibrio entre lo genérico y lo característico. Y es en esta búsqueda de un entorno menos artificial, donde mejor se aprecia el cambio que se está produciendo en nuestra manera de entender el arte.

Algunos huimos de la banalidad y la masificación buscamos un lugar donde nuestra alma y su capacidad de ser única sobrevivan. Además, ¿quién quiere de verdad una sociedad exclusivamente funcional, sin sueños, sin mitologías ni placer? ¿No se desean legítimamente las cosas más artísticas?

Debo confesar que para mí el escaparatismo es una escusa para poder crear, expresar emociones. Objetivos algo más profundos de lo que el mundo de la moda y sobretodo el marketing, en mi opinión, pretenden. Siempre me impresionó el arte de los grandes, los que crearon estilos, o los que definieron movimientos, y siempre necesité expresar, llegar a los otros, a veces al no encontrar otra manera, lo hice a través del arte. A través de la cerámica y del figurinismo, y cómo no del dibujo y la pintura conseguí comunicar y expresarme porque cualquier técnica artística puede hacer de puente entre el emisor y el receptor. Pero todos sabemos que el arte no funcional cómo modo de vida es un camino que puede resultar solitario y poco lucrativo.

¿Entonces porque no hacer un proyecto artístico con el objetivo ya marcado por una empresa? No deja de ser un proceso creativo una vía de expresión de conceptos o ideas que uno pretende mostrar…

Persigo trabajar en proyectos que me apasionen que me quiten el sueño y dónde pueda expresar, sacar esa parte de mí, sensible, creativa. El proceso de búsqueda de una idea me perturba y a la vez me hace feliz, y haciendo escaparates descubrí que crear con una estrategia concreta ayudando a comunicar un mensaje es doblemente interesante.

Descubrí que se puede hacer arte usando el espacio de una tienda cómo lienzo o soporte y el producto seria el material cómo la pintura o el gres. A veces incluso no será necesario ceñirse a una idea concreta sino que será suficiente lograr la atención, la sorpresa, la emoción, o la sonrisa del público.

Encontré lo que buscaba, un espacio en esta gran ciudad, una técnica de expresión, una vía de escape para verter la creatividad enjaulada, un “modus vivendi” llamado, valga la redundancia, escaparatismo.