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Si alguna vez se ha detenido frente a una tienda para mirar su escaparate, se ha sentido fascinado por un producto, o ha hecho una pausa para leer la información en el directorio de un establecimiento, significa que el visual merchandising ha logrado llamar su atención.
Si ha llegado a comprar un artículo al hacer una parada en su paseo, entonces es que ha llegado hasta su eco.

Durante los años, los profesionales que lograban que los escaparates resultaran atractivos para los comerciantes eran conocidos como escaparatistas. Estos desempeñaban una función única y muy codiciada. Llevaban a cabo obras de arte escondidos detrás de las cortinas de los escaparates, ante la admiración y la expectación de los clientes.

Aunque al principio rara vez se les tomaba en serio debido a lo ambigüedad de su función, ya que para muchos sencillamente decoraban los escaparates y vestían a los maniquíes, pronto empezaron a tener un nuevo léxico comercial.

No hay duda de que los escaparates ayudan a incrementar las ventas si son atractivos. Son el único recurso de un establecimiento para atraer a los clientes. Muchos establecimientos emplean tiempo y dinero en crear obras de artes, otros exponen sus productos de manera sencilla pero efectiva, y otros que nunca explotan el potencial de sus escaparates.

Un escaparate bien resuelto no solo es un reclamo para entrar en un establecimiento, sino que refuerza la imagen de la marca. Puede actuar como una herramienta publicitaria y dar una idea de lo que puede comprarse en la tienda.

Nadie se para a pensar que serian de las calles más emblemáticas del mundo sin escaparates, o un paseo una tarde de sábado sin pararse a mirar los escaparates, o el imaginarse ese estilismo una noche especial con esa persona que tanto uno tanto quiere…
Es imposible imaginárselo, por que los escaparates forman son la marca, forman parte de las calles y de las ciudades, y sobretodo forman parte de nosotros.